Desde esta esquina me declaro observadora

La intención es muy simple, escribir sobre lo que me gusta, porque lo que no me gusta, lo dejo a un lado, hasta que al cruzar en la esquina se me pierda de vista y... nunca más. Así que desde esta esquina, lo que me gusta es observar.

Desde pequeña, me sentí fascinada por esta actividad. Todo era un misterio, mis compañeros en el colegio, mis maestras, el conductor del transporte que me alejaba de casa, Los asientos verdes de metal de aquél viejo autobús amarillo. Creo que si intentara explicar esta inusual costumbre, muchos no me entenderían, pero yo me sentía segura manteniéndome en la distancia, imaginando (algunos dirían que especulando), acerca de la motivación que impulsaba a algunos niños a provocar a sus compañeras, o por qué algunas niñas preferían el cuchicheo a la hora del recreo, en vez de dedicarse a jugar y compartir con el resto de los compañeros.

Pero no siempre me quedaba de espectadora. De vez en cuando podía notar a alguién que despertaba mi interés de manera particular, en ese momento podía acercarme con la seguridad de que ya no era un total desconocido y, la ansiedad inicial de no tener ni idea de donde estaba yo parada, se veía reducida.

Pero en líneas generales, lo que más despierta mi interés, es aquello con lo que nunca he convivido. Siento una gran atracción hacia otros países, sus culturas, la gente, los colores, las texturas de árboles con los que jamás he interactuado, el fenotipo de otros, la particularidad de sus características, me impulsan inequivocamente a una búsqueda por encontrar esa conexión que nos acerca a todos como seres humanos.

Creo que en el fondo, lo que estoy buscando es una excusa que me haga sentir, que en realidad, no somos tan ajenos los unos de otros y que aún el más lejano personaje, está tan sólo a 6 grados de distancia.
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En vivo desde esta esquina